Desde otra perspectiva.

 Holii, lectores 

¿Qué tal estáis?

Hoy vengo a contaros algo diferente. No es una teoría ni algo curioso, es una historia. Como bien conté en la introducción, quería hacer de este blog una recopilación de historias y teorías que me fascinan, que cuentan quién soy, por lo que hoy quiero contaros la historia de una persona que me ha marcado mucho. Una persona a la que admiro mucho y que envidio (a buenas, claro) por lo fuerte y perseverante que es. 

Ella es mi mejor amiga, Jenifer o Jeni para los amigos. Es hija de padres inmigrantes de China, pero ella nació aquí. Hace poco le propuse hacerle unas preguntas para el blog, ya que me parece muy importante escuchar la perspectiva de alguien que ha vivido racismo en primera persona si queremos buscar una solución al respecto. 

Para un poquito de contexto, ella nació aquí, en Madrid. Ha crecido aquí toda su vida, ha ido al cole, al instituto, ha tenido amigos… todo como cualquier otra persona. Pero no todo ha sido exactamente igual. Cuando le pregunté cómo se define culturalmente, me dijo que no puede elegir una sola cosa, que es una mezcla. En casa vive una cultura y fuera otra, y no es que esté dividida, es que conviven. Y eso, aunque desde fuera pueda parecer algo enriquecedor (que lo es), también puede generar dudas, confusión, o esa sensación de no encajar del todo en ningún sitio.

Me contaba que, dentro de lo que cabe, ha tenido suerte. Siempre ha sido y sigue siendo una persona muy sociable y que hace amigos fácil. Aprendió el idioma desde pequeña, se ha sabido adaptar bastante bien y eso ha hecho que su experiencia escolar, en general, haya sido buena. Pero que haya sido“buena” no significa que libre de prejuicios, porque hay tantas cosas que pasan y que están tan normalizadas que casi ni se cuestionan. Por ejemplo, que en vez de llamarla por su nombre la llamen “la china”. Muchas veces no viene con mala intención, incluso lo dice gente cercana, como si fuera una broma. Pero no deja de ser reducirte a eso, a tu origen, como si fuera lo único que te define.

A lo largo de los años ha escuchado comentarios que, por desgracia, no sorprenden: que si “has traído el COVID” o que “el COVID es por tu culpa” que si “coméis cosas raras”, que si “iros a vuestro país”. También gestos, como alargar los ojos o imitar y burlar el idioma. Y lo complicado es que muchas veces no son ataques directos, son pequeñas cosas, repetidas, que se van acumulando. Cosas que se dicen en broma, sin pensar demasiado, pero que al final pesan.

Elmomento en el que todo esto se intensificó mucho más y que seguramente todos recordemos fue durante el COVID. Ella estaba en primero de la ESO, y ya de por sí es una edad complicada, pero en ese contexto aparecieron discursos muy claros de culpa hacia las personas chinas. Me contó que gente cercana a ella, familias con bazares o restaurantes de comida asiática en España y otros países europeos recibieron mucho acoso, muchas acusaciones sin sentido, como si de repente fueran responsables de algo que no controlan. Ella no siempre lo vivió en primera persona, pero lo vio de cerca, y eso también deja huella y duele mucho.

Hay algo que me hizo pensar bastante: ella dice que no ha sufrido bullying como tal. Y claro, cuando pensamos en bullying imaginamos algo muy evidente, acoso físico y psicológico constante. Pero luego escuchas todo esto y te das cuenta de que hay muchas cosas que no entran en esa categoría y aun así duelen. Que te llamen y te limiten a tu origen, los estereotipos que vienen con su origen, como ser excepcionalmente lista y sacar buenas notas, que utilicen tus rasgos físicos diferentes y costumbres para meterse contigo cuando se enfadan… no es el bullying que tendemos a pensar e imaginar, pero tampoco está bien. Y muchas veces el sistema educativo no lo ve como un problema.

Le pregunté por los profesores, y me dijo que la mayoría no hacen nada. No necesariamente por falta de interés, sino porque muchas de estas situaciones están tan normalizadas que pasan desapercibidas. Y eso es lo que más preocupa, porque cuando no se señala y no se corta cierto comportamiento es cuando se está permitiendo. Con los compañeros pasa algo parecido: hay quienes sí se preocupan e intentan entender, pero hay otros que, en un momento de enfado, tiran de lo fácil, de lo primero que se les ocurre, y muchas veces eso es su origen.

Mientras la escuchaba, no podía dejar de pensar que esta no es una historia extrema, ni aislada, ni lejana. Es algo cotidiano. Y quizá precisamente por eso cuesta tanto verlo. Ya no solo lo vive ella por su origen, sino niños con diferencias físicas, diferentes religiones, diferentes costumbres...

En cuanto a nosotras y nuestra labor en la educación no podemos limitarnos a escuchar este tipo de historias (que, lamentablemente, no es la primera que escuchamos y seguro que no es la última) y no hacer nada al respecto. Vivimos en una España cada vez más multicultural, donde en las aulas conviven realidades muy distintas, y el sistema educativo no puede quedarse al margen de eso. No basta con pensar “qué mal”, tenemos que preguntarnos cómo vamos a educar en esta diversidad, cómo la trabajamos en el día a día y qué hacemos para que deje de ser motivo de comentarios o conflictos y pase a ser algo que se entienda, se respete y se valore.

Creo que el cambio empieza en cosas muy básicas: en llamar a cada alumno por su nombre, en no dejar pasar comentarios “de broma”, en intervenir aunque parezca algo pequeño. En escuchar de verdad, en preguntar si algo molesta, en dar espacio a que el alumnado se exprese. También en trabajar la diversidad como algo normal, no como un tema puntual, y en revisar nuestras propias ideas, porque todos hemos crecido en este contexto y todos hemos normalizado cosas sin darnos cuenta.

Para finalizar, me gustaría agradecerle a Jeni por aceptar la entrevista y responder las preguntas con total honestidad. Creo que, a veces, estamos muy centrados en nuestra propia experiencia educativa (como es normal) como para darnos cuenta de que es muuuy diferente a la de las otras personas, sea por la razón que sea. Nos viene bien que, de vez en cuando, escuchemos como otras personas han vivido en el colegio para identificar la problemática y proponer soluciones adecuadas. Esta idea me la inculcó mi profesor Sergio cuando hicimos nuestro proyecto final sobre la investigación de una problemática en un contexto educativo y la nuestra propuesta de solución. Él llamo a la parte de investigación "empatizar", que es lo que he hecho en este blog: preguntar, escuchar, anotar e intentar entender a la entrevistada. Me parece una forma muy bonita de llamar a esta tarea. 

Besitos,
Aitana ♡


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